¿Cómo identificar a un mal jefe?

Por Robert Half 3 de julio 2019

Estar al frente de un equipo requiere la capacidad personal de tener autocontrol, ser empático, disciplinado y mantenerse apegado al logro de los objetivos trazados. Además, el jefe debe saber dirigir a un grupo de personas.

Sin embargo, hay prácticas y actitudes que logran todo lo contrario, ya que pueden provocar un impacto negativo en los trabajadores. Eso abre espacio para la pregunta, ¿cómo identificar a un mal jefe? Y si el objetivo es calificar como un buen jefe y ser visto por los pares y trabajadores como un líder efectivo, estas son algunas de las características de lo que no debe tener un jefe que pretende ser considerado como un verdadero ejemplo y líder a seguir.

  1. Concentrar el poder

Los malos jefes tienden a dudar de las capacidades de los demás y tienden a resolver y hacer todo solos. Pensar que nadie puede hacer las cosas mejor o no entregar las herramientas necesarias para que los integrantes del equipo sean capaces de ejecutar las tareas, son características que impiden que un jefe se concentre en usar su tiempo para planificar y gestionar los proyectos en proceso o generar nuevas ideas para el crecimiento de la empresa.

  1. Mostrar una actitud cambiante

Las nuevas ideas son siempre excelentes, pero un jefe debe saber mantener el rumbo. En la medida que un equipo recibe una instrucción y al poco tiempo el jefe decide cambiar todo y hacer las cosas de otra manera, los trabajadores empezarán a sentir incomodidad por la falta de claridad. No enfocarse en metas concretas y no planificar las acciones de manera organizada y metódica, puede tener consecuencias muy negativas para el clima laboral y la cohesión de un equipo de trabajo.

  1. No respetar el tiempo libre

Por más trabajólica que sea una persona, su descanso es fundamental. Un jefe que envía correos electrónicos, hace llamadas o solicita información de trabajo por whatsapp está dando el primer paso para que los integrantes de su equipo lo comiencen a ver con desagrado. Disponer del tiempo libre de los trabajadores es un error más frecuente que lo esperado. Es cierto que hay situaciones críticas que hacen inevitable recurrir a este tipo de recursos, pero cuando esto se convierte en una práctica común, es seguro que comenzarán los problemas en algún momento.

  1. Mal manejo de los errores

Cualquier trabajo puede tener errores. Los malos jefes tienden a exagerar ante este tipo de situaciones y, en vez de enfocarse en cómo solucionarlos, se enfrascan en buscar y señalar culpables. Esta es una señal de falta de liderazgo, ya que todos se pueden equivocar. La gracia es tratar de que eso no ocurra. Y si ocurre, estar siempre listo para buscar, junto con el equipo, la solución.

  1. No corregir ni felicitar

Si algo se hizo mal, es imperativo comunicar e indicar la manera de corregir los errores y avanzar. El aprendizaje y el perfeccionamiento también surgen a partir de las cosas que no se hacen bien. Y un buen jefe debe ser capaz de apuntar los errores con altura de mira y educación. Y si el equipo realizó algo destacable, ya sea a nivel individual o colectivo, el jefe debe felicitar y destacar las fortalezas y cosas buenas logradas por su equipo.

  1. No escuchar la opinión del equipo

Las buenas ideas no surgen solamente de un jefe. Cada integrante del equipo puede tener una opinión o solución eficiente y de gran valor, pero si no se les proporciona un espacio para que la expresen, se perderán. Un mal jefe no escucha a los demás y tiende a pensar que sólo él tiene la capacidad de tener buenas ideas, mientras que en el otro extremo, la apertura para que todos manifiesten sus puntos de vista es el primer gran paso para un equipo motivado, comprometido y creativo que busca mejorar constantemente.

  1. Evaden las compensaciones

Cuando se trata de evaluar el desempeño del equipo o de un trabajador puntual, siempre tienen un plan de escape. El aporte de cada integrante merece la retribución correspondiente, pero muchos jefes relativizan el tema permitiendo, por ejemplo, retrasos en las fechas de pago o errores en cálculos del pago de comisiones. Los malos jefes también hacen oídos sordos a las solicitudes de aumentos de salario o rechazan las iniciativas que apuntan a beneficios y facilidades como permisos, capacitaciones y otros requerimientos que estimulan el compromiso y el desarrollo de los trabajadores que dependen de su liderazgo.

Quienes ocupan un cargo de jefatura deben apuntan a conocer este tipo de deficiencias, analizar si cometen alguna de ellas y trabajar para modificar este tipo de conductas. La importancia de este comportamiento radica en el rol de liderazgo que debe mostrar un jefe y en la capacidad de ocuparlo positivamente para reconocer a su equipo, motivarlo a buscar siempre la excelencia, el máximo rendimiento y la permanencia en la empresa. Saber dirigir un grupo humano no es una tarea fácil, pero el éxito de la gestión de los buenos jefes está justamente en la capacidad de llevar adelante esta misión.

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