¿Es usted un jefe horrible?

Por Karina Perez, directora de Robert Half para Chile.

Lo más probable es que usted haya tenido un jefe terrible en algún momento de su vida profesional, hecho que seguramente lo motivo a presentar su carta de renuncia. En este caso estamos en presencia del “Síndrome del jefe horrible”, siendo esta la principal razón por la que las personas se cambian de trabajo.

Gritar al personal, llevarse el crédito por el trabajo realizado por otros y utilizar lenguaje ofensivo, son las características más comunes de los malos jefes. Y estos errores pueden ser costosos para la organización, ya que como el mercado del trabajo mejora, también crece el riesgo de la rotación de personal.

Por ello, es muy importante modificar la conducta y establecer los mecanismos que permitan tener una relación sana con los subalternos. En ese sentido, es de suma relevancia contar con retroalimentación, pero si anteriormente no ha considerado la opinión de su grupo de trabajo, es muy probable que ellos piensen que en realidad usted no quiere sus aportes. Además, el hecho de que todo el mundo permanezca en silencio o aparente estar de acuerdo con lo que usted dice, no significa que estén siendo sinceros y compartan sus planes.

Asimismo, el no informar a los trabajadores de las acciones o decisiones de la empresa, puede generar un mal clima laboral, lleno de rumores y especulaciones. Cuando usted no comparte información con sus empleados, básicamente les está diciendo que duda de su capacidad para hacer un uso correcto, creativo y productivo de los datos entregados.

De esta misma forma, el tema de la delegación de funciones puede transformarse en un problema, ya que la mayoría de los jefes entrega autoridad a un subordinado, pero le exige tener una participación activa en todas las acciones relacionadas. Y aunque es bueno estar al tanto de los progresos de los subalternos, hay que considerar que si se está todo el tiempo encima de ellos, se terminará por agotar la moral y la iniciativa del equipo, ya que muchas veces estas actitudes son entendidas como falta de confianza hacia la capacidad laboral de los empleados.

No obstante, el caer en la delegación de funciones sin control, también es perjudicial para la organización. Ello, porque el dejar de participar en la supervisión de las actividades, es similar a tener siempre la puerta de la oficina cerrada o a no tener interés por interactuar con el equipo, lo que trae consigo la idea de que “al jefe no le importa nuestra opinión ni nuestros aportes al desarrollo del negocio”. Y esto claramente aumenta el estrés, la frustración y la rotación de personal.

Por último, un aspecto fundamental para no convertirse en un jefe horrible, pasa por el hecho de realizar continuas autoevaluaciones sobre los métodos de trabajo y la actitud que se tiene en la oficina, en especial en lo que es la comunicación fluida con los empleados, porque hay que recordar que estos se encuentran dispuestos a seguir sólo al líder que es honesto, enérgico, entusiasta e integrador.

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